DÍA 1: Cuando el corazón se te rompe por tu hijo
El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos.
Devocional
Hay un dolor muy particular que solo una madre conoce. Es el sufrimiento de ver a tu hijo con dolor y sentirte incapaz de quitárselo. Cada visita al hospital, cada síntoma inesperado y cada noche de desvelo llevan consigo un pedazo de tu corazón. Lo amas con tanta intensidad que sientes como si tu propio cuerpo cargara con su sufrimiento. Si pudieras intercambiar tu lugar con el suyo, aunque fuera por un momento, lo harías sin dudar.
Dios no pasa por alto ese amor. Él creó el vínculo entre una madre y su hijo y honra la profundidad de esa entrega. Cuando Jesús caminó por esta tierra, siempre respondió con compasión a los padres que le llevaban a sus hijos enfermos. Hoy sigue respondiendo con esa misma compasión. Ve cada lágrima que cae y cada sonrisa valiente que fuerzas mientras por dentro estás preocupada.
Tu corazón quebrantado no es señal de que estés fallando. Es prueba del increíble amor que Dios ha puesto en ti. Y en los momentos en que tu corazón se siente demasiado pesado para seguir cargándolo, Dios promete acercarse. Permanece a tu lado en medio de la incertidumbre y te susurra que no estás sola. Él se preocupa por tu hijo incluso más que tú, y su presencia trae consuelo cuando nada más puede hacerlo.
Oración
Señor, tú conoces la profundidad de mi amor por mi hijo y el peso que llevo en el corazón. Cuando surjan el temor y la tristeza, acércate a mí. Sostén mi corazón en tus tiernas manos y recuérdame que estás con nosotros en todo momento. Dame el valor y la fortaleza que necesito hoy.
En el nombre de Jesús, amén.
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