DÍA 1: Reconocer los celos ocultos
La mente tranquila es vida para el cuerpo, pero la envidia corroe hasta los huesos.
Devocional
Los celos no siempre gritan.
A veces susurran.
Aparecen cuando otra persona recibe aquello por lo que tú has estado orando.
Cuando su éxito te hace sentir más pequeña.
Cuando recorres las redes sociales y piensas: «¿Por qué yo no?».
La Biblia dice que la envidia corroe hasta los huesos, no porque sea ruidosa, sino porque va consumiendo silenciosamente el gozo, la paz y el amor.
Y esta es la dura verdad: puedes amar a alguien y aun así sentir envidia.
Puedes estar agradecida y aun así sentir que te falta algo.
Pero esta es la buena noticia: Dios no nos avergüenza por sentir celos.
Nos invita a traerlos a la luz.
Hoy no se trata de arreglarlo todo, sino de ser sincera y preguntar:
«Señor, ¿hay celos escondidos en mi corazón?».
Oración
Padre,
No quiero que haya nada escondido en mí que robe mi gozo o envenene mi paz.
Si los celos crecen en mi corazón, aunque sea en silencio, muéstramelos.
Ayúdame a ser sincera contigo y conmigo misma.
No quiero comparar ni competir. Quiero vivir libre.
Amén.
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