DÍA 1: Las causas profundas de los celos
Oh Dios, examíname, reconoce mi corazón; ponme a prueba, reconoce mis pensamientos; mira si voy por el camino del mal, y guíame por el camino eterno.
Devocional
Los celos en el matrimonio normalmente no aparecen de la nada.
A menudo comienzan como algo pequeño: un pensamiento pasajero, una duda leve o una comparación silenciosa. Pero, si no tenemos cuidado, crecen.
Tal vez has sentido celos por la atención de tu esposo, inseguridad por alguien con quien trabaja o inquietud por la forma en que habla con otras personas. Y en vez de paz, sientes que la tensión sube en tu pecho y la vergüenza aparece justo después.
Esta es la verdad: no estás loca y no estás sola.
Los celos suelen ser un síntoma, no la raíz.
Por eso hoy no se trata de corregir el comportamiento; se trata de invitar a Dios a examinar tu corazón.
¿Qué temor se esconde detrás de los celos?
¿Qué vieja herida todavía duele?
¿Qué mentira has creído sobre tu valor o sobre tu matrimonio?
Dios no revela esas cosas para avergonzarte.
Las trae a la luz para sanarlas.
Que este sea el día en que dejas de fingir que estás bien.
Que sea el día en que permites que Dios llegue a lo más profundo y haga la verdadera obra: no solo corregir los celos, sino sanar lo que los alimenta.
Pídele a Dios que te muestre con ternura lo que hay detrás de tus celos.
No te apresures a resolverlo. Simplemente siéntate con él y deja que te hable.
Oración
Señor,
Examina mi corazón. Muéstrame lo que realmente hay detrás de los celos.
No quiero reprimirlo ni fingir que no existe.
Ayúdame a enfrentarlo con sinceridad, gracia y plena confianza en tu sanidad.
Amén.
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