DÍA 1: Entregar el sueño del matrimonio
Salmos 37:4
Devocional
Este camino no se trata de casarte. Se trata de convertirte en una mujer cuyo corazón late al ritmo del corazón de Dios.
Si estás aquí, probablemente hay un anhelo en tu alma: no solo por un esposo, sino por una unión santa. No solo por romance, sino por un pacto. No quieres conformarte con lo común; estás orando por algo consagrado.
Anhelas ser una esposa que refleje el amor de la Iglesia por Cristo y el honor que proviene de caminar en el propósito de Dios. Deseas un matrimonio que no solo te haga feliz, sino que haga visible el cielo en la tierra.
Pero esta es una verdad que muchas pasan por alto: antes de formar un matrimonio piadoso, Dios forma un corazón piadoso.
Esa formación comienza con la entrega.
Entregar el sueño del matrimonio no es renunciar; es devolverlo a aquel que lo diseñó desde el principio. Es decir: «Dios, confío en ti más que en mis tiempos, mis deseos y mis temores».
Al deleitarte en el Señor, encuentras gozo en quién estás llegando a ser, no solo en lo que recibes. Empiezas a ver la espera como tierra santa: no como castigo, sino como preparación.
Y esta es la promesa: cuando tu corazón se alinea con el suyo, él no olvida tus deseos. Los cumple de maneras siempre mejores, más profundas y más hermosas de lo que imaginaste.
Así que hoy suelta la presión de estar a la altura, apresurarte o resolverlo todo. Deja respirar a tu alma y permite que Dios escriba tu historia, con tu entrega como tinta.
Oración
Padre, te entrego mi sueño de matrimonio, no porque haya perdido la esperanza, sino porque quiero que tú lo formes. Quiero ser más que una novia; quiero ser una mujer conforme a tu corazón. Si el matrimonio está en tu voluntad para mí, prepárame no solo para ser amada, sino para amar bien; no solo para ser escogida, sino para elegir honrar, apoyar y servir.
Sana las partes de mí que idolatran el matrimonio y enséñame a hallar gozo en tu presencia. Me deleito en ti, Señor, no solo por lo que puedes darme, sino por quien eres. Tú eres mi porción, mi promesa y mi primer amor. En ti ya estoy plena. En el nombre de Jesús, amén.
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